¿Por qué la Iglesia necesita estimular y fortalecer las comunidades en línea?

Comunicación

Para ser visto es necesario aprender a ver, escribió Seth Godin, escritor, orador, agente de cambio que ya ha influido en la comunicación de compañías como Nike, Microsoft y Sony. La visión de Godin propone una reflexión que expone un sentido de urgencia: ¿es necesario actualizar el mapa que guía los caminos del mundo bajo la pandemia?

El coronavirus aceleró la transformación digital, fenómeno que incorpora el uso de la tecnología digital a las soluciones de problemas tradicionales. Esta integración estaba sucediendo. Gobiernos, economía, empleo, educación, medicina, ciencia, comunicación y hasta incluso la iglesia estaban siguiendo el ritmo de la transformación.

Teoría del caos

Con la pandemia, surge un fenómeno disruptivo. Un acontecimiento imprevisto, que nos saca del eje sobre el cual estaba la vida. Es el principio de la teoría del caos, resultado de los estudios del meteorólogo y filósofo estadounidense Edward Lorenz. La premisa: un pequeño cambio al comienzo de un evento cualquiera puede traer consecuencias enormes y absolutamente desconocidas en el futuro. De repente, un virus en Wuhan, ciudad de 11 millones de habitantes, en la provincia central de China, fue capaz de paralizar al mundo.

Ahora necesitamos correr para aprender cosas nuevas, reaprender otras. Alcohol en gel se transforma en un artículo de primera necesidad. La actividad en home office era algo moderno, pero hoy se ha convertido en status quo. El hábito de comprar comida usando un tapabocas no nos es extraño. Probamos nuestra inteligencia emocional, provocados por la hiperconvivencia durante 24 horas en nuestra casa.

Surgen neologismos, o sea, nuevos términos o expresiones. Zoombombing, por ejemplo, es la invasión de conferencias a distancia. Zumping es la discusión de relación amorosa que se termina con el fin de la relación, todo remotamente. Hay palabras nuevas derivadas del uso explosivo de la aplicación Zoom, una herramienta también alcanzada por la transformación digital, que fue de 10 millones a 200 millones de usuarios en un mes. Los bugs y las fallas de seguridad de este servicio parecen parábolas sobre el riesgo de sistemas no preparados para fenómeno disruptivos.

En su blog, Bill Gates escribió que el combate a coronavirus es como una guerra mundial, con la excepción de que, en este caso, estamos todos del mismo lado. O deberíamos estarlo. En un mundo paralizado, discutimos medidas para evitar el colapso del sistema de salud y analizamos medidas sobre cómo evitar una pandemia económica que ya cerró 600 mil empresas y dejó 9 millones de desempleados. Pero hacemos eso de manera fragmentada, dejando la unión de competencias multidisciplinarias para encontrar soluciones para problemas que atacan en la misma dirección, que es la vida humana.

Es un escenario difícil. Y surge una pregunta: ¿cómo puede la iglesia ser relevante en un contexto así? Una respuesta podría ser el fortalecimiento de las comunidades on-line.

El despertar de las comunidades on-line

Las comunidades son importantes para la iglesia. Son estimuladas. Tenemos unidades de Escuela Sabática, comunidades reunidas para estudiar la Biblia y crecer en el estudio de cada sábado. Todavía tenemos los grupos pequeños, comunidades formadas como núcleos relacionales que fortalecen amistades alrededor de un propósito común de relación.

Con la experiencia en la formación de comunidades, la iglesia tiene mucho que ofrecer en la construcción de comunidades on-line relevantes para un mundo que se desintegra.

¿Qué sería una comunidad on-line? Howard Rheingold, escritor estadounidense especialista en comunidades virtuales, define como a “agregado social que surge cuando un número de personas, conectadas a través de la red, participa de debates públicos por tiempo determinado, con suficiente emoción para formar redes de reacción en el ciberespacio”. [1]

El filósofo francés Pierre Lévy, otra autoridad del ciberespacio, explica que las comunidades on-line se construyen sobre las afinidades de intereses, de conocimientos, sobre proyectos mutuos, en un proceso de cooperación de intercambio, todo eso independientemente de las proximidades geográficas o las filiaciones institucionales. [2]

La conexión genuina, la emoción común a las relaciones donde hay afecto, el intercambio de ideas, la colaboración. Todas son características que ayudan a entender el poder de una comunidad.

Comunidad es diferente a audiencia, tan buscada por la cultura de influencia digital. Imagine a dos personas en un parque, leyendo el mismo libro. En aquel espacio, hay audiencia para el contenido de aquella publicación, pero no hay comunidad. Ahora imagine el mismo libro, en el mismo parque, leído por un grupo de personas reunidas con un objetivo: hablar con pasión sobre e libro, escuchar novedades al respecto, intercambiar ideas sobre el autor y su obra, ofrecer el libro a quien no lo tiene. Eso es comunidad.

Priorizar a la comunidad

Al comienzo de su ministerio, Jesús priorizó a la comunidad. Hubo 12 personas conectadas a propósito. Hubo convivencia, aprendizaje, reaprendizaje, hubo un despertar. Y lo que comenzó con esta comunidad, generó audiencia. El mensaje alcanzó el mundo.

Hoy el ecosistema de las redes sociales actúa bajo la lógica de la audiencia más que de a comunidad. Pero la comunidad on-line es el patrón necesario ahora. Hay personas ansiosas, lamentando pérdidas, perdiendo vidas. Hay enfermos y hay personas físicamente saludables, pero emocionalmente inestables. Hay algunas personas que perdieron la esperanza. La comunidad on-line puede alcanzar a esas personas.

Imagine una iglesia en la que cada unidad de acción de Escuela Sabática, cada grupo, se transforme en comunidad on-line capaz de acoger, escuchar, apoyar, orar y beneficiar con acciones solidarias. Imagine todos los templos, ahora cerrados, multiplicando y estimulando la acción de esas comunidades.

Así fue en el pasado, cuando las comunidades, cuando asistieron al Pentecostés, revolucionaron la historia. “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos 4:32).

¿Será que podemos soñar con un movimiento con gran poder, iglesias en casa multiplicando comunidades influenciadas e influenciando, a partir de la historia redentora de Jesucristo, conectada y compartida, volviendo a encender a una nueva vida?

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